CALVINO:
SAN IGNACIO DE LOYOLA:
Íñigo López de Recalde; Loyola, Guipúzcoa, 1491
- Roma, 1556 Fundador de la Compañía de Jesús. Su primera dedicación fueron las
armas, siguiendo la tradición familiar. Pero, tras resultar gravemente herido
en la defensa de Pamplona contra los franceses (1521), cambió por completo de
orientación: la lectura de libros piadosos durante su convalecencia le decidió
a consagrarse a la religión.
Se retiró inicialmente a hacer penitencia y
oración en Montserrat y Manresa, donde empezó a elaborar el método ascético de
los Ejercicios espirituales (1522). Luego peregrinó a los Santos
Lugares de Palestina (1523). De regreso a España comenzó a estudiar (ya con 33
años y para poder afrontar mejor su proyecto de apostolado) en las
universidades de Alcalá de Henares, Salamanca y París.
En los años siguientes se dedicaron al
apostolado, la enseñanza, el cuidado de enfermos y la definición de una nueva
orden religiosa, la Compañía de Jesús, cuyos estatutos aprobó el papa en 1540;
San Ignacio de Loyola, cuyo fervor y energía inspiraban al grupo, fue elegido
por unanimidad su primer general.
La
Compañía reproducía la estructura militar en la que Ignacio había sido educado,
pero al servicio de la propagación de la fe católica, amenazada en Europa desde
las predicaciones de Lutero; las Constituciones que Ignacio le dio en 1547-50
la configuraron como una orden moderna y pragmática, concebida racionalmente,
disciplinada y ligada al papa, para el cual resultaría un instrumento de gran
eficacia en la «reconquista» de la sociedad por la Iglesia en la época de la
Contrarreforma católica.
SAN FRANCISCO JAVIER:
Íñigo Francisco
nació en 1506, en el castillo de Javier en Navarra, cerca de Pamplona,
España. Era el benjamín de la familia. A los dieciocho
años fue a estudiar a la Universidad de París, en el colegio de Santa Bárbara,
donde en 1528, obtuvo el grado de licenciado. Dios estaba preparando
grandes cosas, por lo que dispuso que Francisco Javier tuviese como compañero
de la pensión a Pedro Favre, que sería como él jesuita y luego beato, también
providencialmente conoció a un extraño estudiante llamado Ignacio de
Loyola, ya bastante mayor que sus compañeros. San Ignacio logró
que Francisco se apartara un tiempo para hacer un retiro especial que el mismo
Ignacio había desarrollado basado en su propia lucha por la santidad. Se trata
de los "Ejercicios Espirituales". Francisco fue guiado por
Ignacio en aquellos días de profundo combate espiritual y quedó profundamente
transformado por la gracia de Dios. Comprendió las palabras que Ignacio:
"Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los
efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura
eternamente".
CONCILIO DE TRENTO:
El Concilio
de Trento tuvo especial importancia en el paso del Medioevo a
la Edad Moderna.
Fue un concilio ecuménico, esto es, una reunión de los principales cargos de la Iglesia para tratar temas
eclesiásticos convocado por el Papa y que repercutía a toda la cristiandad.
Concretamente lo convocó el Papa Paulo III, no sólo para responder a la Reforma
protestante sino
también para fijar el dogma católico tras la degradación y crisis a
que había llegado la Iglesia católica en el siglo XVI.
SAN FRANCISCO JAVIER:
Llegó a ser uno de
los siete primeros seguidores de San Ignacio, fundador de los jesuitas,
consagrándose al servicio de Dios en Montmatre, en 1534. Hicieron voto de
absoluta pobreza, y resolvieron ir a Tierra Santa para comenzar desde allí su
obra misionera, poniéndose en todo caso a la total dependencia del Papa. Abandonado
el proyecto de la Tierra Santa, emprendieron camino hacia Roma, en donde
Francisco colaboró con Ignacio en la redacción de las Constituciones de
la Compañía de Jesús.
CONCILIO DE TRENTO:
El
Concilio se desarrolló entre 1545 y 1563, pero no de forma seguida, sino con
interrupciones, que permiten dividirlo en tres etapas:
§
De 1545 a 1547. Se
inaugura el Concilio, donde destaca, pese a la mayoría italiana, la
representación española y su formación. La amenaza de una epidemia de peste
obliga a suspender la reunión.
§
De 1551 a 1552. Con Julio III.
Destaca la numerosa presencia alemana. Carlos V sufre la traición de su aliado Mauricio de
Sajonia, que se alía con los protestantes y ataca al emperador en Innsbruck,
por lo que se vuelve a suspender la reunión conciliar.
§
De 1562 a 1563. Con Pío IV.
Ya no hay representación alemana ni reformista y se concluyen los temas.
En
el Concilio había dos posturas enfrentadas: una, que proponía una
actitud conciliadora hacia los protestantes para llegar a un acuerdo, y otra,
la intransigente, que acabó por ganar.

