jueves, 12 de mayo de 2016

REFLEXIÓN 21

PREMATRIMONIALES:

Las relaciones sexuales prematrimoniales son el conjunto de comportamientos sexuales y prácticas sexuales realizados antes de establecerse el matrimonio. Pueden referirse tanto a las relaciones sexuales que mantienen los novios -futuro matrimonio- como a las relaciones sexuales que se mantienen con distintas parejas antes del matrimonio. La práctica de las relaciones sexuales prematrimoniales es legal en la inmensa mayoría de países, con las limitaciones en la edad de consentimiento sexual.

La Iglesia opina que la virginidad es el ideal del ser total y de la integridad. La entrega de nuestro cuerpo a alguien expresa un compromiso absoluto. Esta unión sólo es verdadera y significativa después de que estemos sacramental, legal, social, emocional y espiritualmente comprometidos en el matrimonio.

DURANTE:

La Iglesia Católica opina que la sexualidad es un acto sagrado que solo se puede realizar entre marido y mujer, por lo cual considera que cualquier tipo de relación sexual fuera del matrimonio, es incorrecto y no cumple la voluntad de Dios.
RELACIONES SEXUALES:


La Iglesia nos enseña que Dios creo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, por lo que todo o que creo era bueno. Por ello la Iglesia opina que el sexo es algo bueno, siempre que se cumpla en el matrimonio.
Esto lo considera porque el acto sexual es el momento en el que la pareja se une en la mayor intimidad posible y en la que en algunos casos, se genera una vida humana.
Por tanto la Iglesia no considera al sexo como pecaminoso o como un obstáculo para una vida plena en la gracia, siempre y cuando se mantenga en el matrimonio.

POST MATRIMONIALES:

Las relaciones sexuales que se mantienen después del matrimonio, es decir, después del divorcio. La opinión de la Iglesia Católica frente al divorcio es la siguiente:
 El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente.
Por ello la Iglesia dice que mantener relaciones sexuales después del divorcio es cometer adulterio, es decir, está en contra de ello.

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